Archives quotidiennes : 17-octobre-2013

Guerras silenciosas

Guerras silenciosas

Carlos Ayala Ramírez

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), uno de cada cuatro niños menores de cinco años en el mundo padece retraso del crecimiento. Esto significa que 165 millones de niños están tan malnutridos que nunca alcanzarán todo su potencial físico y cognitivo. Aproximadamente, 2 mil millones de personas en el mundo carecen de las vitaminas y minerales esenciales para gozar de buena salud. Unas 1,400 millones de personas tienen sobrepeso; de estas, alrededor de un tercio son obesas y corren el riesgo de sufrir cardiopatías, diabetes y otros problemas de salud. Las mujeres malnutridas tienen más probabilidades de dar a luz a niños con bajo peso, que inician su vida con un riesgo mayor de padecer deficiencias físicas y/o cognitivas. De acuerdo a la FAO, la malnutrición de las madres es una de las principales vías de transmisión de la pobreza de generación en generación.
El hambre y la malnutrición, pues, matan progresivamente a más personas cada año que el sida, la malaria y la tuberculosis juntas. Los datos mundiales siguen siendo dramáticos: 870 millones de personas pasan hambre; las mujeres, que constituyen un poco más de la mitad de la población mundial, representan más del 60% de las personas con hambre; la desnutrición aguda mata cada día a 10 mil niños. Este último dato, por sí mismo, es escandaloso y sería suficiente argumento para transformar de raíz el actual sistema alimentario, cuya inequidad genera más muertes que cualquiera de las guerras actuales. O quizás estamos ante otro tipo de guerra, esta vez silenciosa.
En el caso de El Salvador, de sus 262 municipios, 188 están en el grupo de población con desnutrición media; 28, con alta; y siete, con desnutrición muy alta. El resto aparece en el grupo de baja y muy baja. Si nos atenemos a estos datos, no podemos hablar de hambruna en el país, pero eso no implica desconocer la realidad de miles de familias que siguen sufriendo la angustia y la incertidumbre de la inseguridad alimentaria.
Eduardo Galeano, en su libro Los hijos de los días, habla de las guerras calladas. Denuncia que la pobreza, con todas sus secuelas, no estalla como las bombas ni suena como los tiros, pero igual produce muerte. Y con agudeza crítica señala que “de los pobres, sabemos todo: en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, en qué no creen. Solo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿Será porque su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer?”.
El 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación con el propósito de dar a conocer y destacar los problemas relacionados con el hambre. Este año, el lema central es “Sistemas alimentarios sostenibles para la seguridad alimentaria y la nutrición”. Tres son los mensajes centrales enviados al mundo y a los tomadores de decisiones políticas y económicas. Primero, una buena nutrición depende de las dietas saludables; segundo, estas dietas exigen sistemas alimentarios que posibiliten el acceso a alimentos variados y nutritivos; tercero, los sistemas alimentarios saludables solo son posibles con políticas e incentivos concretos y coherentes. Para la FAO, las políticas gubernamentales deben enfrentar directamente las causas de malnutrición, entre las que figuran la insuficiente disponibilidad de alimentos saludables, variados y nutritivos, y el limitado acceso a ellos; la falta de acceso a agua salubre, saneamiento y atención sanitaria; y las formas inapropiadas de alimentación infantil y de dietas de los adultos.
Así, este año se pone énfasis en la malnutrición, más que en el hambre, lo cual supone que se tiene algo qué comer, aunque no sea lo más nutritivo. Supone, además, que el aumento de la producción de alimentos no garantiza por sí sola una nutrición adecuada. Ahora bien, sin menospreciar el valor de este enfoque, hay que tener presente, si se quiere una solución estructural, que el mayor obstáculo para la superación del hambre y la malnutrición en el mundo es la falta de avances en la consecución de un desarrollo equitativo y de medios de vida más sostenibles no solo para los grupos más vulnerables, sino para el conjunto de la sociedad. Y eso pasa, necesariamente, por reducir las enormes disparidades en el mundo y en cada país.
En América Latina, por ejemplo, la brecha entre ricos y pobres ha aumentado. El 20% de la población más rica tiene en promedio un ingreso per cápita casi 20 veces superior al ingreso del 20% más pobre. El hecho de que 47 millones de personas sufran hambre en la región se explica en buena medida por esta concentración de la riqueza tan desigual como injusta. Por otra parte, se afirma que para salvar a los que padecen hambre en el mundo se requieren unos 30 mil millones de dólares anuales. Una cifra pequeña si la comparamos con los gastos militares de Estados Unidos en 2012: 682 mil millones de dólares. Está claro que en el mundo es más importante la seguridad militar que la seguridad alimentaria, los gastos para la guerra que los gastos para la vida. Otra cifra escandalosa la representan las 1,300 millones de toneladas de alimentos que cada año se tiran a la basura en lugar de orientarlas a la reducción del hambre y la malnutrición.
Estos datos sobre hambre, malnutrición, gastos militares, concentración de riqueza y desperdicio de alimentos remiten a muerte, directa o indirectamente. Y en este contexto, resultan proféticas y esperanzadoras las palabras de Jesús de Nazaret: “Dichosos ustedes los que tienen hambre ahora, porque serán saciados… Pero ¡ay! de ustedes los que ahora están saciados, porque van a pasar hambre”. Hay aquí un primer paso para cargar con la realidad de los que pasan hambre y malnutrición: se ha escuchado su clamor y se les ha sacado de su inexistencia haciendo central su situación; condiciones necesarias para decidirse a trabajar por la justicia y poner fin a las guerras silenciosas del presente.
– Carlos Ayala Ramírez, director de Radio YSUCA

http://alainet.org/active/68191

par Carlos Ayala Ramírez

*********

Guerres silencieuses

Selon l’organisation des Nations Unies pour l’Alimentation et l’Agriculture (FAO pour son sigle en anglais), une enfant sur quatre de moins de 5 ans dans le monde souffre de retard de croissance. Cela signifie que 165 millions d’enfants sont tellement mal nourris que jamais ils n’atteindront le plein développement de leur potentiel physique et cognitif.

Approximativement 2 mille millions de personnes dans le monde manquent de vitamines et de minéraux essentiels pour jouir d’une bonne santé. Quelques 1 400 millions de personnes sont en surpoids, parmi celle-là environ un tiers sont obèses et courent le risque de souffrir de cardiopathie, diabète et autres problèmes de santé. Les femmes soufrant de malnutrition ont une plus grande probabilité de donner le jour à des enfants de faible poids, une entrée dans la vie avec un risque majeur de souffrir de carences physiques et/ou cognitives. Selon la FAO, la malnutrition des mères est une des principales voie de transmission de la pauvreté de génération en génération.

La faim et la malnutrition tuent donc progressivement plus de personnes, chaque année, que le sida, la malaria et la tuberculose réunis. Les données mondiales continuent à être dramatiques : 870 millions de personnes souffrent de la faim ; les femmes, qui constituent un peu plus de la moitié de la population mondiale, représentent plus de 60% des personnes touchées par la faim, la dénutrition aiguë tue chaque jour 10 mille enfants. Cette dernière donnée, est à elle seule scandaleuse et serait un argument suffisant pour transformer depuis sa base l’actuel système alimentaire, dont l’iniquité génère plus de morts que n’importe laquelle des guerres actuelles. Où peut-être sommes-nous face à une autre forme de guerre, silencieuse cette fois.

Dans le cas du Salvador et de ses 262 municipalités, 188 sont dans le groupe de population ayant une dénutrition moyenne ; 28, une grande et 7 souffrent d’une très grande dénutrition. Le reste apparaît dans les groupes de faible à très faible. Si nous nous en tenons à ces données, nous ne pouvons parler de famine dans le pays, mais cela ne permet pas l’ignorance de la réalité de milliers de familles qui continuent à souffrir l’angoisse et l’incertitude de l’insécurité alimentaire.

Eduardo Galeano dans son livre “Los Hijos de los dias” parle des guerres silencieuses. Il dénonce le fait que la pauvreté avec toutes ces séquelles, n’éclate pas comme les bombes, ni ne résonne comme les tirs, mais provoque aussi la mort. Et dans sa critique aiguisée, il signale que « des pauvres, nous savons tout ; dans quoi ils ne travaillent pas, ce qu’ils ne mangent pas, combien ils ne pèsent pas, ce qu’ils ne mesurent pas, ce qu’ils n’ont pas, ce qu’ils ne pensent pas, ce qu’ils ne votent pas, en quoi ils ne croient pas. Il nous reste seulement à savoir pourquoi les pauvres sont pauvres. Serait-ce parce que leur nudité nous vêt et leur faim nous donne à manger ? » Le 16 octobre est célébrée la Journée Mondiale de l’Alimentation avec le but de faire connaître et d’exposer les problèmes en relation avec la faim. Cette année, le thème central est ‘Systèmes alimentaires soutenables pour la sécurité alimentaire et la nutrition ». Les messages centraux envoyés au monde et aux preneurs de décisions politiques et économiques, sont au nombre de trois.

Premièrement, une bonne nutrition dépend d’une diète saine ; deuxièmement, ces diètes exigent des systèmes alimentaires qui rendent possible l’accès à une alimentation variée et nutritive ; troisièmement les systèmes alimentaires sains ne sont possibles qu’avec des politiques et des incitations concrètes et cohérentes. Pour la FAO, les politiques gouvernementales doivent affronter directement les causes de la malnutrition parmi lesquelles figure l’insuffisante disponibilité d’aliments sains, variés et nutritifs, et leur accès limité ; le manque d’accès à l’eau potable, son assainissement et l’attention sanitaire ; et les formes inadéquates d’alimentation infantile et des diètes des adultes.

C’est pourquoi, cette année l’accent est mis d’avantage sur la malnutrition que sur la faim, ce qui suppose que l’ont ait quelque chose à manger bien que ce ne soit pas le plus nutritif. On suppose, en plus, que l’augmentation de la production d’aliments, en soi, ne garantit une nutrition adéquate. Bon, sans minimiser la valeur de cette approche, il faut garder à l’esprit, si on aspire à une solution structurelle, que le plus grand obstacle pour l’éradication la faim et la malnutrition dans le monde est l’absence de progrès dans la réalisation d’un développement équitable et de milieux de vies soutenables, non seulement pour les groupes les plus vulnérables, sinon pour l’ensemble de la société. Et cela passe nécessairement par la réduction des énormes disparités dans le monde et dans chaque pays.

En Amérique latine par exemple, le fossé entre riches et pauvres a augmenté. Les 20% de la population la plus riche ont en moyenne un revenu par tête quasi 20 fois supérieur au revenu des 20% les plus pauvres. Le fait que 47 millions de personnes souffrent de la faim dans la région s’explique dans une grande mesure par cette concentration de richesse à la fois inéquitable et injuste. D’autre part, on affirme que pour sauver ceux qui souffrent de la faim dans le monde il faudrait 30 mille millions de dollars par an.

Un petit montant si on le compare aux dépenses militaires des États-Unis en 2012 : 682 000 millions de dollars. Il est clair que dans le monde, la sécurité militaire passe avant la sécurité alimentaire, les dépenses pour la guerre avant les dépenses pour la vie. Un autre chiffre scandaleux désigne les 1 300 millions de tonnes de nourritures qui chaque année sont jetées aux ordures plutôt que d’être affectées à la réduction de la faim et de la malnutrition.

Ces données sur la faim, la malnutrition, les dépenses militaires, la concentration de richesses et les gaspillages alimentaires renvoient vers la mort, directement ou indirectement. Dans ce contexte, les paroles de Jésus de Nazareth sont prophétiques et porteuses d’espérance ; « Heureux ceux qui ont faim maintenant parce qu’ils seront rassasiés… Mais… attention ! à vous qui êtes rassasiés parce vous aurez faim » Il y a ici une ouverture pour prendre en charge la réalité de ceux qui souffrent de la faim et de la malnutrition ; il a entendu leur clameur et il les a sorti de leur inexistence rendant centrale leur situation ; condition nécessaire pour se décider à travailler pour la justice et mettre fin aux guerres silencieuses du présent.

Carlos Ayala Ramírez pour Alai-Amlatina

Alai-Amlatina. Equateur, le 15 octobre 2013.

Traduit de l’espagnol pour el correo par : Anne Wolff

 

  • Carlos Ayala Ramírez est directeur de Radio YSUCA.

Et la pluie sur le toit…

3139703502_1_2_g1CHI8BE

Et la pluie sur le toit de la caravane, avec ce petit vent glacial et humide qui se faufile par la fenêtre entrouverte. Grisaille du ciel qui se fond avec celle de mon humeur du jour.

J’ai passé bien du temps à traduire ces derniers jours et à lire plus encore. Comprendre ce mouvement tectonique des hégémonies mondiales qui s’affrontent. Anticiper de nouveaux équilibres et d’autres déséquilibres aussi qui se profilent à l’aube de nouvelles hégémonies qui ne satisfont pas mon désir d’un monde dans lesquels les peuples seraient souverains.

Obama l’a annoncé cette nuit, une entente a émergé pour prolonger de quelques mois l’agonie d’un système en faillite. J’appréhende un avenir qui parle de misère. J’enrage de l’inconscience de ceux qui croient avoir tout compris sans avoir pris la peine de chercher. Ils regardent de haut, les « conspirationistes » que nous sommes. En ce qui me concerne, de manière totalement assumée, non pas à cause du 11 septembre 2001, dont je n’ai pas grand-chose à fiche, je l’avoue humblement. Un élément de plus parmi une longue série, 11 septembre 1973, Opération Condor, Gladio, les Contras, je ne sais plus combien de centaines de tentatives d’assassinats contre Castro, y compris les plus débile sur le modèle James Bond de pacotille, et j’en passe, et encore, et encore…les fils sont là, il suffit de les suivre. Pas seulement sur le Net, dans les bibliothèques aussi.

Mais non, c’est trop compliqué, trop barbant, trop fatigant, même l’information aujourd’hui, le « bon peuple » la préfère prémâchée, qui entre dans le cadre rassurant des évidences acquises. « Nous avons des dirigeants qui font tous ce qu’ils peuvent pour nous conduire droit vers le meilleur des mondes, et s’ils prennent du retard pour accomplir ce programme, c’est que le monde est plein de méchants qui leur mettent des bâtons dans les roues ».

Désolée si ma conception de souveraineté ne s’accommode pas de dirigeants, tout au plus de mandataires, au mandat précis et limité dans le temps, pour un projet donné, comme ces « groupe en fusion » de Sartre qui n’existent que le temps de la réalisation d’un objectif précis, alors que d’autres se forment pour réaliser d’autres objectifs, toujours fluides, toujours éphémères, dans une constante redistribution de pouvoir.

Je sais, il y a du chemin à faire et nous avons tellement tardé à prendre la route qu’à présent l‘urgence frappe à la porte, à coups redoublés, et nous presse. Il y a du chemin à faire pour rendre la parole aux braves gens, ceux qui ne veulent pas des guerres, ceux qui préfèrent la frugalité à la complicité dans le pillage du monde, même récompensée par du « pouvoir d’achat » à n’en savoir que faire. Qu’elle horreur, quand l’avoir nie l’être, la mort n’est pas loin, toutes les destructions sont permises. J’ai mal à ce monde-là. Quand la vie d’un enfant est de moins de prix que la satisfaction éphémère d’une pulsion consommatrice toujours inassouvie, ainsi que le veulent sa nature et cette publicité qui recrée sans discontinuer un horizon de désir toujours inaccessible.

Peut-être faudrait-il regarder dans d’autres directions, prendre d’autres chemins.

Je me sens plus « chez moi » dans la pensée latino si riche d’une recherche d’intelligence du monde qui n’est pas biaisée par le double langage, que dans ce décalage toujours croissant entre monde idéel et monde réel, cette version moderne de non-être qui est l’état « normal » de la plupart mes voisins.

Pas tous, loin de la. Il y a bien plus de gens lucides que ne le laissent entendre les discours officiels. Mais le plus souvent ils se taisent, murés dans cette intime conviction qu’il ne sert à rien de s’exprimer,  que leurs énoncés se heurtent comme à un mur de la honte aux quolibets des « bien-pensant ». L’apartheid ne construit pas que les murs de pierre de Palestine, de Grèce,, et d’autres frontières à rendre imperméables aux gueux en quête d’un peu de dignité, ô si peu, rien qu’un tout petit peu d’espoir, qui s’écrase contre les murs de la ségrégation, des pays, des régions, qui se protègent comme ces quartiers de « riches » gagnés par la parano… peur que des voyous s’attaquent à leur bien, à leurs individus dépersonnalisés. Orgueil démesuré d’une inhumanité triomphante !

Il en faut des voyages en galère pour faire d’un individu, une personne déterminée par son histoire, et ses échecs, et ses victoires, toujours plus singulière, toujours plus riche, de cette richesse inépuisable qui augmente en se partageant ,richesse humaine, richesse du pleinement vivant, richesse d’être qui de sa seule existence enrichit tous ceux envers qui elle rayonne, au-delà de cette figuration dérisoire d’individu atomisé, toujours plus normal, toujours plus conforme, un bon rouage tout juste bon à être employé dans la machine à broyer l’existant, un individu sans histoire…

Non-conformiste, non-intégrable, intermittente du voyage, autant de traits qui me caractérisent et tant d’autres comme moi… est-ce grave docteur ? Est-ce mal, Monsieur, Madame le Juge ? Sommes-nous donc condamnables ou déjà condamnés,  de préférer à la bien pensance, la libre pensée, toujours rebelle, toujours en décalage et souvent loin devant les paresseux du ciboulots qui ne prennent pas le temps de réfléchir… hé, ils pourraient rater le nième épisode de leur feuilleton (ils l’ont déjà vu 10 fois), leur jeu télévisé ou le match du siècle. Et nous, pris de folie de vie, semons des graines à l’avenir aléatoire et posons des fondations sans savoir de quels édiffice elles seront le support. C’est bien court une vie humaine, nous ne serons pas là pour déguster le fruit de toutes ses semailles, pour autant qu’il advienne.

Hé, il vient à peine de commencer le siècle, et même le millénaire qu’ils sont déjà bien mal embouchés. Avec cette question qui grossit de se remplir des certitudes croissantes d’un possible désastre : «Sommes nous proche de ce jour où l’Homme mettra fin à l’humanité ? »

Sont-ils donc aveugles où résignés ceux qui avancent dans l’éternelle pénombre d’une conscience embrouillée, sans que pour eux fasse sens cette question « dérisoire ? » « Voyons-nous les derniers jours des Enfants de la Terre ? » « Le chaos sera-t-il tel dans les décennies à venir que la notion de survie passera avant la vie même ». Quel gâchis ! Quand lucidité devient synonyme de pessimisme, et qu’il faut chaque jour concocter des recettes éprouvées pour retrouver la saveur de l’espoir, et même un peu de joie, le sens de l’humour plutôt que cette ironie, ce cynisme qui condamnent toute beauté avant qu’elle puisse éclore.

Encore une fois, ce matin de grisaille, j’ai fourbi mes armes, les mots… ceux d’un autre possible qui exige la compréhension de ce que globalisation signifie concrètement pour notre avenir commun d’habitants de la Terre. Et comment elle se manifeste dans nos quotidiens, la globalisation, dans celui de mes voisins.

Il y a du chemin à faire pour que les braves gens retrouvent en eux cette confiance, cet amour-propre qui fonde tout amour de la vie, tout amour du prochain, pour oser dire qu’ils ne sont pas d’accord, qu’ils ne veulent pas de ce monde toujours plus dur que d’autres leur imposent…aménagement du territoire qui nous a consulté ? Qui nous a demandé ce que pour nous sécurité veut dire ? Quand les derniers refuges qui hébergeaient nos amitiés tombent sous les coups des bulldozers et que des règlements toujours plus contraignants viennent se nicher au fond de mon jardin.

Et certains jours, la rage nous prend contre ceux qui quémandent des emplois et des médicaments pour soigner nos mal-être mais refusent d’ouvrir les yeux sur cette confiscation du monde qui ne nous permet plus « les lieux où habiter le monde » frugalement, convivialement, dans le respect de l’existant et la dignité de ceux qui sont partie d’un ensemble plus grand, la famille du vivant, partie de la Terre et non Propriétaires.

La condition pour que l’humanité advienne,apaisée, enfin !

Anne W

Les États d’Anne